Era tan pequeñín
frágil e indefenso,
que mi mami no creía
que viviría.
Le recuerdo llorando;
creyendo que era de frío,
lo cubría con mis brazos,
le secaba sus lágrimas
y le hacía juegos
para que se calmara;
en una casa tan grande
parecía
que sólo yo le escuchaba.
Eramos tantos niños
toda una tropa,
y hacíamos tanto ruido
que seguro por eso
alguna vez le olvidaban.
Era tierno y sensible,
y para mi mamá
siempre sería su Javier.
Le decíamos el ñato
por su nariz pequeña;
sus ojos grandes,
mostraban la viveza
y la travesura
propia de su edad.
No se expresaba claro,
todo lo que decía
era causa de risa,
y nunca acabaría
si contara
cada ocurrencia suya,
y cada travesura.
Jugábamos a la "tienda"
era el único cliente,
nos lo compraba todo,
luego se lo comía,
pagando con papeles
de diarios que recortaba.
Fue un buen estudiante
admiraba a su maestro,
quien le correspondía,
con el mismo afecto,
por ser un niño muy listo
y un alumno excelente.
Amigos, compañeros,
cómplices
de aventuras y juegos,
a pesar de las largas
ausencias, distancias,
o circunstancias,
siempre hemos ido juntos
en la vida.
Fue buen trabajador,
y un gran ejecutivo
al consagrarse en ventas.
Se casó,
la vida le dio hijos
sanos, fuertes y hermosos
ahora entre hijos y nietos
se siente muy querido,
respetado y al cobijo
de su gran familia.
Para mí será siempre
el pequeño que llora
y que necesita
quien le limpie los mocos.
Ese es el Javierito
a quien tanto he querido,
lo mejor de mis viajes,
con él lo he compartido,
aún me siento su madre,
y la hermana que de niña
sacrificaba el juego
para darle cariño.
Siempre en todos
mis viajes
hago planes con él,
y no sería completo,
si estando allí faltara
la visita obligada
de ver
a mi hermano Javier.
jueves, 25 de marzo de 2010
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