Hola mi Teresita,
eres algo de mí y algo de todos.
Los mejores recuerdos,
las mejores etapas,
pero sobre todo para mí,
la mejor tía.
Me diste un cariño
sin limites, ni obstáculos;
sin intereses, porque a ti,
yo nada te ofrecía.
Siempre fuiste la misma,
lineal e invariable.
honesta, abierta y cariñosa
dulce cálida y llena de alegría.
Tu afecto, tu entrega
como bendición, como lluvia,
como sol, como vida,
llena de sabiduría.
Hoy recuerdo esos días,
las risas, los juegos y los bailes,
las oraciones llenas de fe,
las historias hermosas que inventabas
y que yo me creía.
Así espectantes todos tus sobrinos,
te rodeábamos escuchando,
día tras día,
una historia sin fin,
llena de fantasía.
Recuerdo aquella casa grande
donde solo tu cariño
y tu imaginación encendía,
por todo lo que allí faltaba
tu cálida presencia lo suplía
Todo nos enseñabas
porque de todo sabías,
y la niña insaciable
ávida de conocimientos
de historias y leyendas
te perseguía.
Pero un día te fuiste,
la niña quedó sola, y no entendía
porque las ausencias
jamás son aprendidas,
ni entendidas.
Mi alma sintió
el sonido de un cristal
que se rompía,
y con él se rompieron los sueños,
las ilusiones y las esperanzas.
Llegó una etapa de sombra,
el sol fue apagado por las nubes,
y el silencio se hizo eterno,
se contuvo el aliento,
se paró el curso del tiempo,
y comprendí que
jamás volverías.
Ya no serías nuestra,
habías roto los lazos,
tu familia sería otra,
en la que tú creías;
serían otras hermanas,
otro Padre y otra vida,
habrían otros niños
pero no habrían sobrinas.
Así sintiéndome perdida,
me fui tras de tu sueño,
pero no era el mío,
no era mi destino,
ni parte de mi vida,
me fui por el camino
de los sueños rotos,
de la noche que no tiene día,
y comprendí que sin ti
la vida era vacía...
Pero seguí tras de ti,
buscándote en las sombras,
donde solo brillaba tu luz.
Te perseguí de niña
y continué de adulta
esperando el final
de tu historia sin fin,
creyendo en la fantasía
de finales felices,
donde siempre están
las familias unidas,
compartiendo tristezas,
de amargas despedidas,
o de adioses eternos,
de momentos alegres,
de encuentros que se anhelan,
de seres que se añoran,
unidos en la esperanza
de que no falte ninguno...
Pero no es así la vida.
Hoy solo queda el recuerdo
de aquella casa fría,
de ésa historia sin fin,
solo tú la sabías...
lunes, 23 de noviembre de 2009
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