...del Valle la Flor...
Así decía que se llamaba
y los que la queríamos ,
le llamábamos "Perita"
diminutivo de Empera.
Era toda una reina,
toda una Emperatriz
y tenía sobre sí la corona
de la "Victoria",
de su Valle de Atriz.
Así se sentía y así vivió
impartiendo sus órdenes
que eran siempre
las más sabias decisiones
porque partían
desde su corazón.
Ordenó la vida de todos,
dirigió sus destinos,
cautivó al rico
en favor del más pobre
su familia,
y hasta sus vecinos.
Capitana del ejército
más rebelde y necesitado;
sus diez hermanos
y una veintena de sobrinos,
todo un batallón en la mesa,
a la que jamás faltó el alimento
que ella misma preparaba,
que cada día conseguía
para ése regimiento,
Trabajar, construir para el otro,
señalar metas, abrir caminos,
ésa era su vida.
Fue una madre, una tía
pero sobre todo, nos trató
con la dulzura,
el amor y la complicidad
de una cálida abuela,
que mima y educa
al mismo tiempo.
Luchadora incansable,
fuera y dentro de su casa
y en cada espacio en que estaba,
todo a su alrededor relucía
como su vida.
Cuidaba tanto a las personas
como a las mil flores
que cubrían las paredes,
pilares, corredores,
y el patio de una casa tan grande
como su corazón.
Se nutría de los diarios
de los libros, de las personas
importantes
de la cual era amiga,
así cultivó sus ideas propias
por eso en la política
sus pinitos haría
alguien de su partido le dijo:
"pichón de águila real".
y voló tan alto como su
intelecto le permitió.
Desde su pequeña posición
ayudó a tanta gente;
trabajó por su pueblo,
hizo todo por el amigo,
y por su familia
más de lo que debía.
Si, ésa era mi "mama", (mi tía)
así le llamaba de pequeña
cubierta con un abrigo
que me iba grande
y que arrastraba tras ella,
tirando de su falda
cuando quería cariño
alimento, calor,
y quizá un poco de su vida,
la que consumimos todos
los que esperamos
que ella lo hiciera todo
porque solo ella sabía.
La vi una tarde a lo lejos
tenía la mirada triste,
puesta en el vacío
de su Pasto frío,
a pesar de estar situado
al pié de un volcán.
Fui a verla, le pregunté :
"¿por qué estabas tan triste? "
Me miró con dulzura y no me respondió,
y luego al día siguiente
ya jamás respondería.
Se llevó su tristeza
para no entristecer
y nos dejó una herencia,
su trabajo, su lucha,
su tesón, su alegría
la que faltó en el instante
en el que ella se marchó.
Se fue sola, en silencio,
así como vivió,
con la humildad del que da todo
y no hace alarde de su labor.
Por todo eso y para siempre
en nuestro corazón
y en nuestra vida,
será la reina,
la Emperatriz
más querida,
que ganó la "Victoria"
de la "casa" que construyó,
en todos y cada uno
la casa que dirigió
en su Valle de Atriz.
viernes, 19 de marzo de 2010
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