lunes, 22 de marzo de 2010

ALGO DE MI - Ivoncita (mi hija)

Esta será la carta
que nunca envié,
de aquello
que he querido decirte
tantas veces,
y que he callado,
quizá por temor,
o tal vez, por amor,
o por distancia.
Quiero que quede claro,
que para una madre
sus hijos siempre
serán sus niños,
y eso eres para mí
mi niña...
mi hermosa niña,
que correteaba
por los corredores
de la "casa",
como la llamaban todos
a la casa del abuelo
donde creciste
hasta tus 18 meses,
(porque  de Mayo
te fuiste).
Mirabas por el enrejado
que formaban
los ladrillos
que decoraba
el pasamano
de la segunda planta,
esperando mi  regreso
del trabajo,
y en cuanto me veías
gritabas :
Betty, llegó Betty,
no me decías mamá
y era como todos
me llamaban.
Nada ensanchaba
tanto mi pecho
y hacía latir
tan fuerte mi corazón
como escuchar
mi nombre en tu
boca pequeña.
Once meses tenías
y ya caminabas
y corrías,
todo lo hablabas,
y lo comprendías.
yo corría presurosa,
con los brazos abiertos
a tu encuentro,
te levantaba
dando vueltas contigo,
te llenaba de besos,
arreglando tus rizos
que se enredaban
entre mis dedos,
y resaltaba el contraste
de mi melena negra,
con tu pelo cenizo.
Reíamos las dos,
no me cansaba de
contemplar tu belleza,
y de mirarme,
en ésos ojos grandes
que miraban atentos
a todo lo que  hacía.
Aún siendo tan pequeña
causaba admiración
tu estilo, tus posturas,
educada y glamurosa.
Siempre te vestí
de blanco,
ni una sola pieza hubo
de otro color en tu ropero,
y fue así,
porque te veía
con la belleza y pureza
de los ángeles,
que tu físico
muy bien lo retrataba.
Te dí todo lo que
en mi haber podía,
y en mi preocupación
por tu futuro
vislumbré algo  mejor,
otra vida,
en la que yo

no tenía parte,
y era quizá
lo que el destino
te tenía reservado,
otra familia, otra cultura,
y tuve que dejarte
aunque se fuera
en ello mi vida,
y se volviera mi sueño,
la peor pesadilla,
porque pensé en todo,
menos en que te
perdería.
El único consuelo
es que rompería
el círculo
y no te pasaría
lo que me pasó a mi,
el no tener infancia,
el carecer de todo
lo que quieren lo niños,
un padre, una madre,
una familia, estudios,
respeto, aprobación, cariño
y lo más importante
que pensé para ti,
que pudieras volar
y ser y  hacer,
lo que no pude yo.

En mis sueños te vi 
como estás ahora,
una profesional,
una excelente madre,
una preciosa mujer
y singular esposa.
Qué más puedo pedir,
que más puedo desear,
sino que seas feliz.
La vida te bendijo
con dos hijos,
hermosos, inteligentes,
ellos son la razón
y la causa que te inspira,
a la realización de tus sueños. 
Yo en la sombra de tu vida,
te bendigo;
solo puedo desear
que la fortuna,
el amor, y la dicha
te sonrían;
que nada causa más placer
a una madre,
que ver en la cumbre del éxito
a sus hijos.
Por todo esto
le doy gracias a Dios,
porque si a ti
te ha bendecido,
por todo lo que Dios
te ha dado,
bendita yo he sido.












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