"Que otros se jacten
de lo que han escrito,
a mí me enorgullece
lo que he leído".
(Borges.)
LOS LIBROS.
Los libros enseñan,
nos dan conocimiento
nos transportan y nos llevan
por la senda del saber
y el entretenimiento;
viajas con ellos,
conoces otras culturas.
De lo que quieras saber
solo lo encontrarás
leyendo,
que no hay nada más
para aprender
que la escritura.
Ellos han sido para mi
grandes maestros,
amigos, sicólogos,
consejeros,
y fue el regalo más grande
el que me dieron
cuando me enseñaron
a leer.
Fue Rosa Elvira Dulce,
la profe dulce como
su apellido,
Rosa por la lozanía
de su cariño.
De pequeña recuerdo
que veía siempre
a mi madre leyendo,
yo quería conocer aquello
tan importante que la apartaba
y absorbía,
fue la curiosidad
del por qué de su interés
en la lectura
lo que me llevó a leer
a encontrar y a descubrir
ése mundo maravilloso
de la escritura.
Leía con el poco conocimiento
que se aprende en un primer grado,
pero fue tan hermosa la experiencia
que sentí como el universo
se abría ante mí,
por una puerta gigantesca
me llevó de la mano
por laberintos prodigiosos
llenos de amor, de aflicción
y fantasía,
pero sobre todo de conocimiento.
Por suerte el primer libro
fue "La divina Comedia",
un libro grande lleno de dibujos
y con mi imaginación
y su lectura
fui con él al cielo y al infierno.
Este camino
que aún estoy andando
desde hace tantos años,
buscando un "Dante"
para ser su Beatriz.
El leer me ha llevado
por un mundo de fábula,
de concienciación y de saber.
Así fue como de niña me encontré
con la biblioteca "del tío Enrique "
que había sido un sacerdote,
a quien todos recordaban
con admiración
y nombraban con cariño,
fue un ser muy especial,
devoto sensible y sabio
y ante todo fue el punto
de unión en la familia
Quizá de tanto escuchar
su nombre y sus milagros
lo busqué en el único lugar
que me podía hablar de él,
en su biblioteca.
Y si,
allí le encontré,
en los mejores clásicos
en los más grandes tratados
de teología,
en todas las homilías,
en las que hablaban de amor
y de sabiduría,
todo un compendio
de inigualable valor.
y me convertí
en ratón de librería.
Por suerte
fue la más selecta y especial lectura
propia de un sacerdote
de ésos tiempos
cuando todos eran "doctores"
de la vida.
Porque todo lo sabían,
siempre el consejo sabio,
la respuesta brillante,
en el momento justo.
Ésos locos del amor de Cristo
que nos levantaban
de la camilla,
o nos resucitaban
a la vida...
Dicen que los libros y los Maestros
tan solo nos recuerdan
el conocimiento que traíamos
en el nacimiento.
Los libros tienen alma,
tienen duende, tienen vida,
es lo que he encontrado
en su filosofía,
sobre todo me han transmitido
el conocimiento
que dicen que perdí
mientras crecía,
físicamente, claro está,
porque luego empiezas
a crecer de verdad
cuando por la lectura
o en sueños
encuentras el camino,
y ves la parte real
de tu destino,
no la muerte,
la verdadera vida
el andar siempre contigo,
con ése,
tu verdadero amigo,
el ser que realmente eres.
Cuando los conocí
me aferré a ellos
inicialmente
como entretenimiento
pero en el camino
han sido más que eso,
amigos, maestros, consejeros,
la tabla de salvació,
y no me arrepiento
porque en todo lo que he leído
he encontrado
la razón de la existencia,
lo que ha puesto el Autor
que en cada uno,
dejándose la piel
y hasta la vida;
y así como Miguel Ángel
encontró la Piedad
dentro del mármol,
así los dedos se deslizan
sobre el teclado
y van apareciendo
las palabras, las frases
y con la intuición del escritor
van saliendo escrituras
llenas de conocimiento
y de verdades puras.
Me maravillo al pensar
en todo lo que han estudiado
los grandes maestros de la vida,
los que nos muestran el planeta
y ahora del Universo,
pero quien les dictó
el conocimiento sobre el Ser
y el nacimiento de la vida ?

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