miércoles, 19 de mayo de 2010
ALGO DE MI - La Mamita Rosario
La mamita Rosario,
mi abuela materna,
no la conocí.
Miro su retrato y veo
una mujer hermosa,
de buen porte y talante,
facciones finas
y cabellera ondulante.
Por lo que contaba mi madre
mis tíos y quienes
la conocieron,
sé que era una mujer
virtuosa,
trabajadora, noble,
seria en sus tratos
y respetuosa,
educada, creyente,
una gran mujer
y una inigualable madre,
como las de ésa época.
La conoció el abuelo
en la escuela donde
tejían sombreros,
y mi bisabuela
era la maestra.
Desde joven demostró
ser laboriosa,
algo que enamoró
a mi abuelo
y se casó con ella,
así fue madre de once hijos,
que levantó con orgullo
trabajo y decoro,
cumpliendo con sabiduría
su cometido de madre
y de la esposa mas bella,
llevó un hogar con maestría
la necesaria para educar
y cuidar tantos hijos.
Pero su vida fue corta
y a los 33 el destino
le arrebató la vida,
dejando a todos marcados
por su ausencia
algo que jamás superaron
sus hijos y mi abuelo
quien la recordaba
con amargura
sin calmar nunca su dolor,
y para olvidar su tragedia
con unos vinillos encima
cantaba con tristeza y amor
una canción ecuatoriana
que decía :
"Una mujer entristeció
mi vida
partiendo para siempre
llevándose en el alma
y en la mente
todo mi corazón que no la
olvida
muriéndose de sed
junto a la fuente.
Y estoy con mi dolor
como los viejos
contando historias
de mejores días.
Voy a beber el agua
de la fuente
y el agua de la fuente
se envenena,
Voy a beber...(bis)
Las canciones andinas
son así, tristes y dolorosas
pero dejan entrever
el dolor inmenso
que guarda el corazón.
Cuando ella se fue
se les fue todo
y jamás superaron
su ausencia.
Digo que no la conocí,
pero,
¿ como no conocerla ?
si escuchabas hablar
de ella cada día,
me enseñaron a amarla,
a echarla de menos,
a sentir su ausencia
y a pensar :
"...si ella estuviera..."
entonces en cierta forma
también me he sentido
huérfana.
No tuve abuela,
y la abuela es un persona
esencial e importante
en nuestra vida,
ella conciente y adivina
en cada instante
lo que tu corazón
anhela
y solo a la abuela
le confías
tus alegrías y el dolor
si lo hubiera,
porque a ella
la dotó Dios
de amor y sabiduría.
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