sábado, 1 de mayo de 2010

ALGO DE MI - al padre y al hijo


AL PADRE,

Alguna vez pensé
que nada me habías dado,
pero el tiempo madura el fruto,
y los sentimientos,
se perdona, y cambian
los pensamientos,
es lo que hace el tiempo;
se evoluciona, se crece.
Ahora tan solo puedo
estar agradecida,
por lo vivido,
por lo que con dolor
aprendí en el pasado,
de todo cuanto
viví a tu lado,
que aunque fue duro
solo estabas allí
para que yo aprendiera,
y todo con el tiempo
lo comprendes,
cuando un día
te haces consciente,
se hace la luz
y lo ves todo muy claro,
porque el "Maestro"
nos enseña de este modo,
y si parece fuerte
la enseñanza
al final comprendes
que hay esperanza,
que vas por el camino
y salen a tu encuentro
los amigos,
ésos, los libros, los maestros,
del amor los mendigos,
todo para que fluya
en ti la Compasión,
que es lo que se ha de tener
en esta vida
para lograr la meta
del ascenso,
y todo se hace fácil
y vienen a tu encuentro
la Luz que todo lo ilumina;
al final el verdugo
se convierte en amigo,
porque has aprendido
que Perdonar
era la enseñanza.

De todo aquello
como el premio al dolor
y al aprendizaje,
ha quedado tu hijo,
por el que tanto sufrimos
mutuamente,
y buscamos su amor
como el que pierde
lo más valioso de la vida.
Ahora ya no estás aquí.
Deseo que tengas paz,
que Vayas a la Luz,
y Dios te dé consuelo
y la oportunidad por tu hijo,
de rogar al cielo.

AL HIJO,

Él ha sido la razón
de mi existencia.
Es el sentir de toda madre
cuando tiene un hijo;
nada hay para ella
tan importante
como aquello con lo que
Dios la ha bendecido.
Un hijo por el que se arriesga la vida
por el que se da y se deja todo.
n hijo que amamantas,
que es sangre de tu sangre,
que crece en tu vientre,
y formas con tu carne.
Por él lo pierdes todo,
pierdes la identidad,
y por el resto de la vida
tu libertad.
Ya nunca serás tú,
en adelante y para siempre
primero serán ellos;
que en el corazón de la madre
sin importar la edad
siempre serán pequeños,
porque el amor a un niño
es el sentir más noble,
y en el seno de toda mujer
su más grande anhelo
el ser MADRE ha de ser.
Llevar durante nueve meses
la criatura,
sentir su corazón,
sus pataditas en la cintura,
y acariciar el vientre cada día,
para que sienta que es deseado,
y con pequeños gestos
que es amado,
que sienta tu calor
y la alegría de ser dos,
que ya nunca se está sola
que hay una razón
en nuestra vida.
En ése entonces.
no se sabía qué sería,
si niña, ó niño,
pero lo imaginabas
con dulce ternura
y fraternal cariño,
preparando sus cosas,
cosiendo su ropita,
tejiendo sus zapatos,
haciendo sus cobijas.
Al nacer mi pequeño
casi muero
y a veces preguntaba :
¡ ¿ por qué aún estoy viva ? !.
Si fue un milagro el
que nacieras
con todo el riesgo
por los dos padecido,
fue otro milagro
el que yo continuara
con vida.
Tú lo querrías,
tenía que estar aquí,
tú me necesitabas,
teníamos que pasar
por muchas experiencias,
de la vida,
rodar,
y luego cuesta arriba
tratar de llegar
a las metas precisas.
Trabajar para ti
luchando sola
para darte
lo poco que podía.
Alguien sin conocimientos
de trabajo y de vida
no tendrá mucha suerte,
decían:
pero yo la tenía,
te tenía a ti,
y aunque no sabía de nada,
tenía un motivo
y era razón suficiente
para luchar;
era recursiva
y todo lo aprendía.
Noche y día trabajaba
hacía de secretaria en el día
y en la noche de costurera,
y a veces hasta de cocinera
haciendo galletitas
que en el trabajo vendía.
Llegaba cargada de comida,
pensando como las aves
que lo más importante
es el alimento,
que nunca te faltara el
techo y el sustento,
dejándome la piel y la vida
por sacarte adelante,
me olvidé de mí misma
para darte un futuro,
porque tuvieras todo
lo que yo no tenía,
y con poco talento
te dí lo que podía,
preparación, estudio,
aunque eso me costara
trabajar todo el día
y perderme tu vida,
compartir todo aquello
que le hace falta a un niño,
el diálogo, el cariño
y la compañía.
Era duro el trabajo,
aunque era de oficina,
siempre llegué cansada
a preparar comida.
Los fines de semana
a limpiar dedicaba,
y no tenía tiempo
mucho menos dinero
para pasear y darte
lo que le gusta a un niño.
En la Navidad salía
a buscarte algo,
un juguete, o una tontería
pero volvía siempre
con las manos vacías
porque no me alcanzaba
el dinero que había.
Era nuestro presente,
y en silencio sufría
porque fue así tu suerte.
En el fondo pensaba
y sentía
que un día cambiaría
porque por más tristezas
mis sueños no dejaba
"programando" otra vida.
Lo que no faltó nunca
y muy a pesar de todo
era la "actitud mental
positiva".
Nunca me sentí pobre
siempre me sentí rica
y aunque para ti
faltara todo
yo sentía que todo
lo tenía.
Yo ganaba como secretaria
tres mil quinientos pesos,
y vivíamos;
la que nos lavaba la ropa
docientos diarios
al mes seis mil serían.
Ella donde trabajaba, comía
aún así,
en un rancho de latas y cartones,
mal vivía.
yo le preguntaba :
¿por qué vives así ?,
¿por qué arrastras tu vida
no ves que ganas más que yo ?,
Ella me respondía:
No señora Beatriz,
usted es rica.
Es la imagen que
siempre he dado
que así ha sido mi actitud
frente a la vida.

De todos los consejos
que te dan en la vida
recuerdo que mi hermana
me dijo un día :
"quedate en un lugar
para que estudie el niño
que si tú no estudiaste
fue de tanto rodar".
En el mejor colegio
te formaste,
y por temor a la mili
en un país violento,
terminaste
en la mejor escuela
del momento,
la escuela militar
y así al monte no irías,
era mi gran temor,
al ver tanta madre sola
llorando por el hijo
que se llevó la guerra,
una guerra sin nombre
que ella no concertó,
pero arrebató la vida
de lo que más amó.

Te inicié en la lectura,
en la meditación,
y en trabajar siempre
por un mundo mejor,
que la mejor oración
es el respirar consciente
llenándonos de amor
hacia todos los seres
de la cual somos parte,
una Unidad entera
en el corazón de Dios,
o como quieras llamarle
al que la vida te dio.

Y así se pasó el tiempo,
y planeando el futuro
busqué otros lugares,
otro mundo mejor
donde todos los sueños
fueran a tu favor.
Planeamos mi viaje
y mientras tú estudiabas,
yo preparaba el camino,
y no tuve descanso
ni sosiego
hasta que tú viniste
a reunirte conmigo.
Aún recuerdo el día
cuando al llegar preguntabas :
"¿ qué hacemos madre
al otro lado del charco ? ".
Buscando otra vida, hijo,
que pronto llegaría,
y con la cual te sientes
que estas volando alto,
que vislumbras de arriba
metas aún más lejanas.
Que no miras abajo
buscando en el pasado
tristezas o alegrías;
que vives el "Ahora",
que estás en tu "Presente",
que no darás un paso
que no sea hacia el frente.

Y como el Águila suelta
de lo alto a sus polluelos,
para que emprendan solos,
y planeen en los cielos
sus sueños y su gloria,
el triunfo será verlos
haciendo su sendero.
Y así como el arquero
lanza la flecha
para que dé en el blanco
cuánto más lejos más certero,
así es de importante para mí,
tu vida y tu futuro.
El sentir de la madre
por sus amados hijos,
es que cumplan sus sueños,
aunque se vaya en ello
un poco de su vida
y se renuncie a un viaje
sin su gran compañía,
y se sufra la ausencia,
y con dolor comprenda
que es una ley de vida
el que te quedes sola
al final de los días.
Solo siento consuelo
cuando miro hacia arriba,
buscándote en el cielo,
y que aunque vueles muy alto
o estés lejos,
a un hijo no se olvida.
Siempre será el pequeño,
que acariciaré en sueños,
y padeceré por sus tristezas ,
reales o imaginarias,
porque así son las madres
cuando quieren,
imaginan desgracias,
y aunque no las tuviera
se deja el corazón
pidiendo al Padre por la vida,
del hijo que un día le confió,
y en Su nombre la madre,
dará su bendición
para que el hijo alcance
las metas que eligió.
Que no olvide el consejo
que su Madre le dio :
"el de ser un buen hombre,
un buen padre y amigo;
pero sobre todo,
un buen hijo".
Que el honrar a los padres,
es mandamiento de Dios,
y al que cumple la Ley,
le da su bendición.
















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