Cuando veo el mar
se me ensancha el corazón,
me oprime el pecho
como si todo él
entrara en mí
en una inhalación,
me ahoga, me emociona;
contemplo su inmensidad
y es tan intenso lo que siento
que grito de gozo
y al mismo tiempo
tiemblo,
porque veo con tristeza
lo pequeña que soy.
El mar me inquieta,
me estremece, me asusta
con el rugir de su oleaje,
con su fuerza, su potencia,
me hace creer
que es tan grande como el cielo
porque en la distancia
se funden,
se mezclan sus colores
quedando en uno solo,
cuando vuelvo en mí
y me hago consciente
veo que no es así,
que es sólo una ilusión,
que el planeta
es también pequeño
y aún en él,
el mar va contenido,
se pierde en un universo,
de millones de estrellas,
soles, galaxias
y huecos negros,
entonces pienso...
¿ Y yo dónde estoy ?.
Soy un granito de arena,
polvo de estrellas,
sólo me hace y engrandece
la presencia
de lo que realmente soy,
un ser hecho a imagen
y semejanza del Creador,
el hombre y Dios
también se unen
y al contrario del mar
y el cielo
su unión es real y verdadera,
porque el hombre
si así no fuera
no funcionaría
porque solo lo mueve
la energía
que es la que
le da la vida
una fuerza Divina,
esto lo hace ser
un Ser eterno,
porque siempre existirá
en el pensamiento
del Ser que lo creó,
también como una estrella
la puso
en éste firmamento
para que alumbre
el Universo eterno de
Dios.
miércoles, 19 de mayo de 2010
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