Gustavo, Gustavito, gustavera,
el niño que hacía las delicias
deAntonio y Rosita;
ahora es Gustavo Alejandro
y ya no es el niño travieso
al que "Daniel" se le quedó
pequeño,
pero era tan sabio
y prodigioso como él.
No pasó inadvertida
su elocuencia
siempre fue y es
ingenioso y vivaz,
su vida semejante
a la de un principito
siempre sonriente,
lo que le hacía ser
más divertido.
Tuvo los mejores padres,
una pareja ideal
que le cuidaron
y prodigaron lo mejor
de cada uno.
Rosita le dio
muchos valores
y Antonio veló
porque nada le faltara
creció siendo el
niño más querido,
admirado por todos
entre mimos y excesos
fué su infancia,
y luego en su adolescencia
no pasaron de él
sus amigos,
era siempre el mejor,
tan guapo y especial,
tan listo e inteligente.
no podía ser menos
un niño como él
con tantos valores
aprendidos
en una familia ejemplar;
su Rosita que le dio
a más de su amor,
su devoción y entrega;
porque él era para ella
la vida entera.
Así creció
y ahora es el médico
que trabaja por los pobres,
dedicando todo su tiempo
no sólo a los enfermos
sino y especialmente
a los desfavorecidos,
no le interesa la fama
ni el dinero,
lo único que ama
es su profesión
por la oportunidad
que le da
de servir al prójimo
y si por él fuera
serviría al mundo entero,
con la profesionalidad
de la que sólo él
es capaz.
Tan atento, tan dispuesto
y diferente entre tantos,
como médico, eficiente
más de lo normal.
De niño hablaba mucho
y de grande demasiado
pero nos tiene alelados
escuchando sus historias.
De lo que hay en el corazón
habla la boca,
y él es y con razón
un sabio en la palabra
y en el amor
hacia los suyos
y los suyos de Dios
porque entre todo
lo que recibió
de su madre Rosita
fue una gran fe
que le transmitió
para ser lo que
ahora es,
un médico especial,
más que de enfermos
un médico del alma
que cura con su labia
con la alegría
que devuelve
al paciente,
su ingenio, su gracia,
su atención y el ser
un médico excelente.
miércoles, 19 de mayo de 2010
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