El otro día se cayó
Manuela,
la hija de mi prima
Claudia,
yo grité y ella
se asustó,
lo hice para restar
importancia
a su caída
y para que no llorara
dije :
"no pasa nada,
no pasa nada".
Ahora Manuela
cada que se cae
repite :
"No pata nada,
no pata nada..."
y como si fuera
la primera vez
que yo escuchara
éstas palabras,
ahora cada vez
que me pasa algo
me repito lo mismo
en el lenguaje
de Manuela.
"No pata nada,
no pata nada...".
La verdad
es que son mágicas
éstas palabras,
porque me doy
cuenta que
"no pata nada"
sin embargo
la vida se fue
creyendo funestas
todas las situaciones,
los problemas
y hasta las
sensaciones
de alegría.
Porque de niña
me decían :
"no te rías tanto,
que terminarás
llorando".
y yo me lo creía.
Pero no sólo
éso es Manuela
es la personificación
de la dulzura
y solo de recordarla
me estremece
una sensación
de amor
y de ternura,
siempre riendo
o jugando
llama la atención
con sus posturas
imitando a los
grandes
y con su gracia
y sus medias
palabras
nos entretiene
atónitos y absortos
con las locuras
de sus 20 meses.
Yo he cambiado
de nombre
porque nada
suena tan dulce
a mis oídos
como cuando
la escucho
llamándome
Athis...
lunes, 21 de junio de 2010
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